UNA VEZ MÁS, EL ENGAÑO

30 Sep

Uno tras otro han desfilado por la pantalla de televisión asistentes anónimos a la manifestación independentista de la diada. Los hemos oído, los hemos escuchado reclamar justicia en el trato por parte de España, del estado español. Tras cada declaración asomaban los recortes y siempre, ese culpable señalado de antemano por el govern catalán. En realidad no se señalaba a un culpable, más bien a un statu quo surgido de la transición y agotado según todos los entrevistados, casi sin mostrar animadversión. El ejemplo de sosiego y calma en las declaraciones me impactó vivamente. En el fragor de una manifestación independentista, todos se mostraban serenos como si de una cola para un espectáculo se tratase. Ni asomo de agresividad, ni de euforia, ni siquiera contenida, todo racionalidad y deseos de independencia expresados en términos tan poco románticos como pacto fiscal, prima de riesgo y concierto económico. Todo correcto, todo democrático, todo intachable.

Hace ya años que frecuento Barcelona por diversos motivos y siempre llego a la misma conclusión: Cataluña ya no es España. No lo digo con sufrimiento nacional, como tampoco me lo produjo especialmente sentirlo allí, simplemente es así. Sin aspavientos, la cacareada construcción nacional ya está rematada, quizá porque de las fábulas nacionalistas es la menos fabulosa y sobre todo, la que mejor ha podido integrar a los venidos del resto del resto de España por estar totalmente exenta de matices raciales.

Toda la admiración que me produjo semejante lección de civismo, quedó empañada cuando pude comprobar, en otras tantas apariciones televisivas que otra vez, miles de ciudadanos estaban en la calle arropando a los protagonistas de su propia esclavitud. Esa casta política que nos pide el voto explicándonos unas motivaciones que nada tienen que ver con la real. A la ciudadanía solamente nos queda una acción posible: LA ABSTENCIÓN.

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